Haiku

October 25th, 2007

Ya se sabe que la inspiración es una dama caprichosa, y aparece y desaparece sin previo aviso. Estos últimos meses no me suele honrar con su compañía, de ahí que lleve algún tiempo sin poner ningún post que no sea de política: para hablar de política no necesito inspiración, sino sólo calentarme un poco leyendo las noticias; pero no quiero abusar del tema por miedo a que este blog, que tan puro se ha mantenido en su servicio al Absurdo, degenere en un blog temático.

Así pues, voy a esforzarme para que esta entrada no tenga contenido político; y como he dicho que para ello necesito inspiración, y no la tengo, tendré que dejar la originalidad a un lado y utilizar algún método más o menos estándar para pergeñar un post decente. Podría usar lo que describí en mi guía sobre cómo escribir posts de éxito, pero me arriesgaría a que la gran expectación resultante derivara en oleadas de visitas que saturarían el servidor. Así que mejor voy a recurrir a un manido tópico entre los bloggers: el de escribir un haiku.

Los haikus, como todo el mundo sabe, son esos ínfimos poemas japoneses cuya sobriedad minimalista los hace adecuados para la mentalidad postmoderna. Todo blogger que se precie cae un día u otro en la tentación de rellenar un post con alguno de ellos, y yo no podía ser menos. El problema es que no sé exactamente qué características hacen a un haiku un haiku (en contraposición a, por ejemplo, una bicicleta); y por lo tanto no tengo ni idea de cómo escribir uno. Pero, por supuesto, con acceso a internet este problema tiene fácil solución: es fácil encontrar una descripción (en inglés) de las características de los haikus. Así que el plan es claro: me leo esas características, y escribo algo que se ajuste a ellas. Simple.

Así pues, veamos. Lo primero que dice la página es que la temática de los haikus suele centrarse en temas cotidianos y situaciones del día a día. Bien, eso parece fácil: sólo tengo que escribir sobre lo que siento ahora mismo, por ejemplo. Lo siguiente que aparece es la métrica: tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente.

Bueno, no hay problema. Expresar lo que siento con versos así es pan comido:

Como no sé
qué escribir en el blog,
pues pongo un haiku.

Así que ya está. Ya tengo mi haiku, parece. Pero, la verdad… aunque sin duda es bello, sencillo y elegante, no suena muy “haikuesco”. Ah, ahora me doy cuenta de por qué: es que había más características que no he leído. Dice la página que en el haiku tiene que haber una separación: los haikus están divididos en dos partes, relativamente independientes aunque se relacionen entre sí, y separadas por dos puntos, guión o puntos suspensivos. Bueno, no parece difícil. Vamos a ver si cambiándolo un poco se puede adaptar a eso:

No tengo idea
de qué escribir aquí…
Pues venga, un haiku.

Pues bien, aquí lo tenemos. Un haiku con una estructura como debe ser, con dos partes diferenciadas. Todo muy dicotómico y muy armónico, el yin y el yang y todo eso, ya se sabe. Pero aún falta algo… estos versos no son suficientemente “zen”, todavía no cumplen con un pequeño detalle necesario para que formen un haiku de pura cepa. Y es que dice la web, como última característica:

“Cada haiku debe contener un kigo, una palabra estacional, que indicará en qué estación del año se ubica el haiku. Por ejemplo, los brotes de cereza indican la primavera, la nieve indica el invierno, y los mosquitos indican verano.”

Pues bien, teniendo en cuenta que estoy en Inglaterra y que en esta época del año las temperaturas ya empiezan a bajar seriamente, el “kigo” en este caso me sale del alma. No necesito pensar mucho para modificar mi creación y convertirla, ahora sí, en un haiku puro, ortodoxo, definitivo:

Frío de cojones.
¿Con qué llenar el blog…?
Pues venga, un haiku.

Qué elegancia, qué donaire, qué belleza. Cómo se nota que estos japoneses saben de poesía.

¿Algún aguerrido lector se anima a crear su propio haiku y ponerlo en los comentarios?

Voces críticas

October 3rd, 2007

Con éste ya son cien los textos publicados en esta bitácora, lo cual no tiene importancia alguna: ya se sabe que los números redondos son una cuestión de dedos, y que si tuviésemos doce en cada mano el número cien nos parecería escaso, demasiado exiguo para llegar a ser alguien; y veneraríamos en su lugar al ciento cuarenta y cuatro. También nos beberíamos unos cuantos mililitros más en cada tercio de cerveza, que por culpa del diseño de nuestras manos se pierden en el redondeo. Pero estoy divagando, porque no es de la influencia de los dedos en el consumo de cerveza de lo que quería hablar, sino – lo siento – de política.

Digo que lo siento porque parece que, en la sociedad de hoy, hablar de política es una actividad considerada por muchos como desagradable, de mal gusto; y la gente mira a quien habla de política como miraría al ganadero que describiese la coloración de las heces de sus reses en medio de una comida de gala. Esto no resulta extraño, dado que de hecho la equiparación entre política y heces es un leit-motif de muchas manifestaciones y discursos de bar. Pocas veces se traslada la atención de los síntomas a las causas, y se reflexiona sobre cómo la misma pasividad de esa gente decepcionada por la clase política contribuye a que ésta no encuentre impedimentos para seguir decepcionando.

Por eso, en una situación política anquilosada y prácticamente reducida a la pugna entre dos partidos momificados y las eternas rémoras nacionalistas buscando su carroña, siempre resulta agradable que surjan nuevas voces críticas defendiendo ideas alejadas de los estereotipos dominantes. Es el caso de UPD, que cubre la necesidad -muy clara, a mi parecer- de un partido progresista jacobino. Porque resultaba muy triste que para dar un voto a políticas sociales de centro-izquierda hubiese que transigir a la vez con el nacionalismo, que es la ideología reaccionaria por excelencia; y que para votar contra el nacionalismo hubiese que apoyar a una derecha cerril, intransigente, clericalista y rastrera. No sé cómo seguirá y cómo acabará este partido, pero en mi opinión por el momento ha empezado bien: por un lado, poniendo sobre la mesa el tema tabú de que el nacionalismo es contrario al progreso y por tanto a cualquier ideología que se diga progresista; y por otro lado, atacando la deficiente ley electoral -ya muy criticada por IU, su gran víctima hasta ahora- que perpetúa el bipartidismo e infla los votos nacionalistas. Incluso si esta nueva formación acaba siendo un fiasco -quién sabe, a estas alturas- habrá hecho un favor a la democracia con su mera irrupción, aportando temas de debate y tal vez removiendo alguna que otra conciencia.

Por otra parte, otra señal que veo positiva en la política española es el creciente miedo de los monárquicos ante cualquier oposición a la Corona. Como dijo Gandhi, en una frase ya manida pero siempre certera, “primero te ignoran, luego se ríen de ti, después te atacan y, finalmente, ganas”. A juzgar por artículos evidentemente propagandísticos aparecidos últimamente en los medios, como éste, propuestas como ésta y declaraciones como éstas, parece que la idea de acabar con la designación hereditaria de los jefes de Estado -y toda la vergonzosa panoplia asociada- ya ha pasado a la tercera etapa, siendo atacada por doquier. Dado lo patético de los argumentos usados en estos ataques (normal: ¿qué buen argumento va a haber para defender una incoherencia como la presencia de cargos hereditarios en una democracia?), parece que la cuarta etapa parece, si no inminente, al menos más posible que nunca.

Hablando de política española, me ha salido un post optimista. Qué raro, ¿verdad?

Censura flagrante

July 20th, 2007

No sorprende pero es triste, y es triste que no sorprenda: en el día de hoy – como empezaba aquel famoso parte franquista – los españoles hemos sido víctimas de un flagrante caso de censura. El número de esta semana de la revista ”El Jueves“ ha sido secuestrado por orden judicial, y se ha ordenado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que retiren los ejemplares de los quioscos. El motivo: una viñeta que, con una astuta finta, critica el aguinaldo electoralista de Zapatero a la vez que aprovecha para arremeter contra la monarquía, esa vergonzosa lacra que empozoña nuestro país derrochando el dinero de sus arcas a la vez que da nefasto ejemplo a los ciudadanos.

No es ninguna novedad que la familia real es en nuestro país una institución intocable, a la que los medios sólo pueden referirse para informarnos de lo encantadores y entrañables que son todos sus miembros y para describir la sublime belleza de las infantas, esas divas de nuestros sueños. Parece que alguna gente poderosa ha llegado a la conclusión de que la continuidad de ese organismo anacrónico y parasitario es incompatible con la libertad de prensa, y por lo tanto hay que acabar con esta última para preservar el statu quo. Normalmente esto se hace entre bambalinas y de forma sutil, porque ya se sabe que la censura es algo muy feo; pero se ve que esta vez no han tenido más remedio que montar el numerito, y hasta el tonto del pueblo les ha visto el plumero.

Sólo espero que este lamentable suceso sirva para que algún cándido defensor de la monarquía, de ésos que la creen compatible con una democracia moderna, se dé cuenta de las consecuencias que realmente tiene. De que vivimos en un país donde en teoría todos deberíamos ser iguales ante la ley; pero donde existen unas personas a las que se declara “inmunes” desde su nacimiento, y meterse con ellas está tipificado explícitamente como delito. Unas personas que tienen la vida resuelta desde el momento en que vienen al mundo, que pueden permitirse lujos impensables para el resto de los españoles, y que en teoría nos “representan” y se nos ponen como ejemplo y modelo, cuando su vida sin responsabilidades y sin esfuerzos constituye el peor ejemplo posible para una persona normal.

Lo cierto es que, en el fondo, tal vez este injustificable acto de censura acabe por resultar positivo. Al fin y al cabo, no hay duda de que la dichosa viñeta no obtendría la difusión que ha tenido sin el “favor” que les ha hecho el juez Del Olmo. Seguramente los más perjudicados sean el dibujante y guionista que han tenido la graciosa ocurrencia, que tienen todo mi apoyo y -estoy seguro- el de millones de españoles que creen que la libertad de prensa está por encima de los privilegios divinos.

La viñeta, aquí.

Sabiduría popular

June 22nd, 2007

A menudo no nos damos cuenta de la gran importancia que la sabiduría popular tiene en nuestra vida cotidiana. A lo largo de los siglos, la Humanidad ha ido adquiriendo una vasta variedad de conocimientos sobre sí misma y el mundo que la rodea. Normalmente, cuando una información resulta útil o interesante, nuestras sociedades se encargan de transmitirla a través de las generaciones: esto es lo que llamamos cultura. Hoy en día tenemos diversas herramientas (como libros, vídeos e internet) que nos facilitan la difusión cultural.

Pero ya en la Prehistoria, antes de que una palabra humana fuese escrita por primera vez, los conocimientos realmente fundamentales, imprescindibles, se transmitían de boca en boca. Eran informaciones demasiado básicas, vitales, como para dejar que se olvidaran. Y aun hoy en día siguen siendo datos demasiado esenciales como para confiarlos sólo a libros que podrían quemarse, vídeos que podrían deteriorarse, redes que podrían dejar de funcionar. Y así es que hoy, en pleno siglo XXI, esas informaciones capitales, críticas, bases de la civilización humana cuya pérdida supondría un grave peligro para la supervivencia de la especie, siguen propagándose oralmente, tal como lo hicieron siempre.

Así pues, no está de más recordar que quien quiera obtener verdadera sabiduría, sabiduría universal, válida, siempre útil, debería consultar ese acervo atávico que es el refranero popular. Porque ningún meticuloso ensayo de Kant, ninguna razonada reflexión de Kierkegaard, ningún ingenioso tratado de Aristóteles, ningún esclarecedor diálogo de Platón tendrán nunca la precisión, el pragmatismo, la perfección, la belleza y la sobriedad iluminadora de una frase como

“En Martes, ni te cases ni te embarques”,

por poner un solo ejemplo.

Son además las frases populares descripciones de leyes necesarias, sin las cuales el mundo cambiaría totalmente y se convertiría en un lugar inhabitable. Muchas veces se ha teorizado sobre si la vida sería posible en universos donde las leyes básicas de la física (como las que gobiernan las atracciones entre partículas) fuesen distintas a las que conocemos. No cabe duda de que, del mismo modo que una variación en las leyes físicas tendría un radical impacto en la habitabilidad del Universo, lo mismo sucedería si dejase de cumplirse alguna de las leyes inmutables del refranero.

Pongamos, por ejemplo, ésta: “No por mucho madrugar amanece más temprano“. ¿Qué sucedería si no se cumpliese, y cada vez que alguien se levantara pronto se adelantase un poco la hora del amanecer? En ciudades grandes, donde siempre hay quien madruga, y aun sin ser por voluntad propia siempre hay algún insomne que se despierta temprano, el amanecer tendría que adelantarse tanto que sucedería el día anterior, con lo cual no existiría la noche: antes de ponerse el sol un día, habría amanecido ya el siguiente. Por lo tanto, habría luz solar las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año, y esto haría que las zonas pobladas se recalentaran hasta volverse inhabitables. Tendríamos un mundo desértico, al estilo de Dune o Mad Max, en el que sólo unos pocos podrían sobrevivir. Cuando la escasez de gente que pudiese madrugar permitiese que la noche volviera a existir, la población podría aumentar; perto eso daría lugar a más madrugadores, con lo cual las condiciones de vida empeorarían de nuevo. Así, en la situación de equilibrio, tendríamos un mundo árido y hostil, donde sólo un pequeño grupo de personas rudas sobreviviría.

Pero peor aún sería la situación si dejase de funcionar otro dicho que, aunque pueda parecer poco importante, es de importancia capital para la armonía del mundo: “no todo el monte es orégano“. Porque en un mundo en el que absolutamente todo el monte fuese orégano, la superficie de la tierra quedaría totalmente inutilizada. No habría tierra para cultivar, ni piedra para construir edificios, ni animales para comer; sino sólo orégano. La única posibilidad para la raza humana sería, pues, vivir del mar y de la playa, que no se pueden considerar monte. Con los años terminaríamos convirtiéndonos en un pueblo anfibio, que consideraría las grandes extensiones de orégano emergentes de la superficie del mar como territorios baldíos a evitar.

Agradezcamos, pues, que las leyes del refranero se cumplan, y tratémoslas como lo que son: grandes verdades universales e inmutables que deben ser respetadas.

Cefalópodo

June 9th, 2007

Tentáculos de muerte,
terror de lo profundo,
abrazo furibundo
sin opción a escapar.

Líquida noche invoca
que ciega al atacante,
y así siempre triunfante
despunta el calamar.

Nos hallamos en el umbral de la Era del Cefalópodo… el Proyecto Chipirón está al caer. Más información en algún momento indeterminado del futuro.

Cambio de servidor

May 30th, 2007

Tal vez algunos hayáis notado que, en los últimos tiempos, esta bitácora no respondía tan bien como debería. El motivo era que el servidor en que estaba alojada imponía una limitación al tamaño de la base de datos que aloja las entradas y los comentarios, y ese límite estaba al borde de ser sobrepasado. Aunque optimizando un poco la base de datos conseguí alargar un poco la vida del sistema, al final el problema se volvió irresoluble.

Por suerte, Algernon (el artífice de esa genial bitácora llamada La Cosa Húmeda) ha sido tan amable de cederme un hueco en el servidor que él usa. Desde aquí le doy las gracias: sin su ayuda, seguramente la única opción habría sido acudir a algún proveedor lento y cargado de publicidad.

El cambio de servidor ya ha tenido lugar con éxito, sin que haya hecho falta esta vez cambiar de dirección (ventaja de tener un dominio). Ahora todo debería (y parece) funcionar a la perfección.

Ninguna vana limitación del mundo físico podrá parar los pies al Absurdo.

Español de la Historia

May 23rd, 2007

En el año 98 de la era cristiana, un sevillano llamado Marco Ulpio Trajano era nombrado emperador romano. Considerado como el mejor estratega militar de la historia del Imperio Romano, sus campañas sólo fueron comparables a las de César. Bajo su Imperio, que duró hasta 117, Roma alcanzó su máxima extensión territorial, con las conquistas de Dacia y Partia. La campaña de Dacia incluyó la construcción en tres años de un puente fortificado de más de un kilómetro de largo sobre el Danubio, que no sería superado en longitud hasta siglos después. Se dice que, tras su expansión hacia Oriente, miró hacia el este exclamando “¡Si yo fuera más joven…!”, lamentándose de no tener tiempo de llevar sus conquistas tan lejos como Alejandro Magno. Pero bajo su mando Roma no sólo vivió una época de esplendor militar, sino también económico, y su reputación perduraría a través de los siglos: desde entonces hasta el final del Imperio Romano, a todos los nuevos emperadores se les deseaba que fuesen “felicior Augusto, melior Traiano” (más afortunados que Augusto y mejores que Trajano).

En 1516 se proclamaba rey de Aragón Carlos I, que acumularía los títulos de Rey de España, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de Nápoles y Sicilia, Soberano de los Países Bajos, Conde de Flandes, Duque de Milán, Duque de Borgoña y Duque de Luxemburgo (tal vez me deje alguno). Bajo su reinado también se conquistaría el Imperio Inca, que junto con los territorios europeos darían origen al Imperio Español, el primer imperio global, del que se dijo que en él “nunca se ponía el Sol”. También comenzaría bajo Carlos I el apogeo de la cultura española que suele conocerse como “Siglo de Oro”.

Pero no sé por qué hablo de estos personajes aquí, porque al parecer no son muy relevantes. Mucho más influyentes en la Historia española y universal han sido el rey Juan Carlos, la reina Sofía, el príncipe Felipe y hasta Letizia Ortiz. Eso han dicho tres mil ciudadanos españoles en una votación para elegir al “Español de la Historia”, que ha ganado Juan Carlos I.

Supongo que debería mirarlo por el lado positivo… al menos no han puesto en la lista a la Pantoja.

Ya están todos aquí

May 20th, 2007

Tal vez alguien recuerde que, hace ya casi un año, me propuse restaurar los viejos posts de esta bitácora que se habían perdido con los cambios de dirección y servidor. Como suele sucederme, acometí esta tarea con gran entusiasmo inicial que se fue enfriando con el paso de los días. Pero hoy, por súbita inspiración del Ángel de lo Absurdo, la he retomado y terminado.

Quiere esto decir que se acabó el tener que recurrir a frágiles y fragmentarias copias guardadas en mohosas bibliotecas subterráneas para consultar los posts antiguos de esta bitácora: ya están aquí todos reunidos, desde el primero hasta el último.

Cosa que puede llevar a algún avispado lector a preguntarse: si el primer post data de marzo de 2003, ¿por qué el subtítulo actual de esta bitácora dice “Acercando el Absurdo al pueblo desde 2002″?

Bien, podría relatar aquí todas las circunstancias que llevaron a este aparentemente contradictorio hecho, incluyendo la distorsión espaciotemporal que causó mi post sobre la relatividad que acabó absorbido por un agujero de gusano, la corrección en el calendario llevada a cabo por los gobiernos alterando la memoria de la población mediante ondas beta para que no echasen en falta los meses perdidos, el post que envié varios años hacia adelante desde 2002 mediante la máquina del tiempo que encontré en la tienda de segunda mano, o incluso aquel calendario que tenía y al que nunca me acordaba de arrancarle las hojas… Pero sería engorroso dar cuenta de todos los detalles, así que dejémoslo simplemente en que los caminos de lo Absurdo son inescrutables.

¿Vivimos en una simulación?

May 15th, 2007

Supongamos que alguien, aburrido después de largas horas de trabajo, decide entretenerse con su ordenador programando una pequeña simulación. Utilizando cualquier lenguaje de programación al uso, define unos objetos que representan, por ejemplo, planetas y un sol. A cada uno le asigna una masa, un volumen, y lo coloca en una posición determinada de un espacio virtual. A continuación escribe unas cuantas líneas de código para que cada cuerpo ejerza una fuerza sobre los demás de acuerdo con la Ley de Gravitación Universal de Newton, y que los planetas adquieran velocidades y aceleraciones de acuerdo con sus masas y las fuerzas que se ejerzan sobre ellos. Al ejecutar el programa, los planetas empezarán a moverse a través del espacio de manera realista, de acuerdo con las leyes de Kepler que se derivan de la citada ley de Newton. Es lógico: si introducimos en un computador las leyes físicas que gobiernan un sistema, podemos hacer que nuestra simulación se comporte como el propio sistema.

Pero supongamos ahora que esa persona no se conforma con simular el comportamiento de los planetas a gran escala: en lugar de eso, introduce en un programa todas las leyes físicas que gobiernan nuestro Universo, incluso las que condicionan las interacciones entre las partículas más elementales, los componentes más pequeños de nuestro mundo. Obviamente esto no se puede hacer a día de hoy, y acaso no se pueda hacer nunca: ni sabemos suficiente física para entender totalmente el universo, ni tenemos computadores lo suficientemente potentes como para ejecutar una simulación así. Pero si tuviésemos los conocimientos y los recursos para hacerlo, y suponiendo una visión del mundo puramente materialista y mecanicista (es decir, donde no hay más que materia y energía, todo se rige por leyes físicas, y no hay fenómenos como almas o consciencias inmateriales); la simulación del universo se comportaría igual que el universo mismo. Cada pelo de la nariz de cada lector de esta bitácora estaría ahí, representado hasta el último detalle, y comportándose de la misma manera que en la supuesta vida real.

Supuesta vida real, he ahí el meollo del asunto: dada la posibilidad de simular universos, ¿qué garantías tenemos de que el propio mundo en que nos movemos, que llamamos realidad, no es realmente una simulación? Por lo que yo sé, si damos por hecho que todo lo que existe se rige por leyes físicas, no tenemos modo alguno de saberlo. Si todo lo que hace falta para que existan seres conscientes es que una miríada de partículas se muevan y choquen de una determinada manera, de modo que se generen los complejos fenómenos que llamamos “vida” e “inteligencia”, parece claro que esos fenómenos se van a dar del mismo modo con partículas reales que en una simulación de las partículas. Y los seres de la simulación tendrían sentidos que percibirían exactamente igual que los de un ser real, permitiéndoles conocer sólo el mundo simulado, con lo cual no podrían enterarse nunca de la naturaleza real de su universo. En realidad esto no es más que un caso particular de una reflexión que ya hacía Kant hace más de dos siglos, en su “Crítica de la Razón Pura”: podemos obtener conocimiento de las cosas tal y como las percibimos; pero no podemos saber nada de cómo es “la cosa en sí” (Ding an sich). La hipótesis de que vivamos en una simulación es un bonito ejemplo de cómo “la cosa en sí” podría ser algo mucho más complejo de lo que nos imaginamos. Por supuesto, todo esto no debería afectarnos directamente: aunque el universo en que vivimos fuese una simulación, para nosotros, seres simulados, seguiría siendo la realidad a todos los efectos.

Algunos argumentos que se pueden dar para intentar desmentir que vivamos en una simulación son los siguientes:

Argumento 1: Es imposible crear un computador lo suficientemente potente para simular todo el Universo. Démonos cuenta de que, si queremos simular todas las partículas del Universo, necesitaremos tener una representación en memoria del estado de cada partícula. Esa representación en memoria tiene que tener algún sustrato físico (llamémoslo unidad de memoria), así que necesitaríamos tener tantas unidades de memoria físicas como partículas haya en el universo… cosa obviamente imposible, ya que dichas unidades tendrían que componerse de al menos una partícula.

Contraargumento: Lo único que intenta dejar claro ese argumento es que desde nuestro universo sería imposible simular otro universo del mismo tamaño. Pero podríamos simular un universo más pequeño sin problemas. Sigue siendo posible que nuestro universo sea una simulación, y que los seres que han programado la simulación vivan en otro universo más grande donde sí que pueda haber recursos computacionales para hacer la simulación. De hecho, nótese que el universo donde viven los Programadores ni siquiera tiene por qué seguir las mismas leyes que el nuestro (se puede hacer una simulación de un universo hipotético inventándose unas leyes físicas nuevas).

Argumento 2: ¿Por qué iba a querer alguien ejecutar una simulación así?

Contraargumento: ¿Y por qué no? Estamos hablando de unos hipotéticos seres que no tienen por qué ser humanos. Son seres que viven en otro plano de realidad y que pueden tener motivaciones diferentes a las nuestras, así que asignarles motivaciones humanas, y pensar que considerarían inútil simular un universo sólo porque a nosotros nos lo parece, es caer en un antropocentrismo injustificado. En todo caso, incluso desde una perspectiva antropocéntrica se puede entender por qué ejecutar una simulación así: podría ser parte de una investigación científica, por ejemplo para comprender el propio universo, o para ver cómo funcionaría un mundo con unas determinadas leyes. Se hacen simulaciones a pequeña escala constantemente, y si no las hacemos más detalladas es más por falta de tecnología que de motivación.

Argumento 3: Si estamos en una simulación, ¿cómo es que no nos hemos dado cuenta?

Contraargumento: Porque no hay ningún motivo para que nos podamos dar cuenta. Si nosotros creásemos una simulación de un universo en miniatura, los seres que lo habitaran se verían afectados por las leyes que hubiésemos programado para ese universo, y nunca verían nada que las contradijese. ¿Cómo iban a darse cuenta, pues? Se podría argumentar que los programas de ordenador no suelen ser perfectos, y que podrían darse cuenta descubriendo algún “bug” o fallo de programación. Pero esto es caer de nuevo en el antropocentrismo: nosotros somos unas criaturas muy limitadas y cometemos fallos al programar; pero los Programadores de la simulación en que vivimos pueden ser otro tipo de seres mucho más avanzados, con mayor memoria y capacidad mental, y que no cometan tales fallos.
Y aún hay más: incluso si los cometiesen, un bug en el programa del universo podría tener dos consecuencias: o bien que el programa fallase, y el universo dejase directamente de funcionar, o bien que siguiese funcionando, pero comportándose de manera diferente a como querían los programadores. En el primer caso, al producirse el fallo dejaría de existir lo que llamamos tiempo (no existirían más segundos después de aquél en que el universo fallara), así que dejaríamos de existir sin notar nada. Y en el segundo caso, lo que para los programadores sería un comportamiento anómalo del universo para nosotros sería el comportamiento normal, y no nos extrañaríamos de él al no conocer otra alternativa.
Lo que sí que nunca va a suceder es lo que se ve en la película “Matrix”, donde el personaje se da cuenta de que “there is no spoon”, y eso le proporciona control absoluto sobre la “spoon”: si el mundo es una simulación, una cuchara no es más irreal que nuestro propio cuerpo, y tanto una cosa como la otra estarán sujetas a las leyes que los programadores les hayan querido dar. (nótese que Matrix no es exactamente una simulación sino más bien una realidad virtual, dado que los cuerpos de los humanos existen fuera del mundo de Matrix, cosa que no sucede en esta hipótesis de la simulación).

Realmente, la única manera en que podríamos darnos cuenta de que estamos en una simulación sería que los programadores decidiesen, voluntariamente, enviarnos un mensaje explícito, cosa que no hay motivos para pensar que tenga por qué pasar.

Y, por otra parte… si no estamos en una simulación, ¿cómo podríamos estar seguros de ello? Creo que la única manera sería descubrir algún fenómeno en el universo que no se pudiese explicar mediante leyes físicas, o más concretamente, mediante leyes computables (simulables en un ordenador). Si tales fenómenos no existen, nunca podremos saber si estamos o no en una simulación. Mi creencia personal es que esos fenómenos sí existen, y en particular un ejemplo (o tal vez el único ejemplo) sería la consciencia. Pero, como diría Michael Ende, eso es otra historia… y debe ser contada en otra ocasión.

Gracias a Gallega en Madrid por la interesante conversación que me inspiró este post ;)

Diálogo de la B y la V

April 8th, 2007

(Una cocina. Vemos a la letra V metiendo vasos en el lavavajillas, con cara avinagrada. En ese momento entra la B, buscándola, y le habla.)

B.- Bueno, bellaca, espero que tu indudable bobería no sea óbice para que barruntes ya que deberías jubilarte, y borrarte de los libros, billetes de banco, webs, publicidad, y demás bazofia que emborronas con tu bajeza.

V.- Veo que vuestra vileza alcanza niveles inverosímiles. Visto está que envidiáis mi versatilidad, pues vivo tanto en vastos volúmenes como en vanas revistas: mi actividad es relevante a diversos niveles.

B.- Esa ubicuidad que subrayas en tus bombásticos rebuznos no me asombra en absoluto. Pues también yo estoy tanto en buscados incunables como en burdos best-sellers. Pero mi belleza, mi nobleza y mi bondad hacen indudable que yo basto, y tú sobras.

V.- Virtudes que sólo vos os veis, pues es evidente que vuestros vagos pavoneos no valen más que el polvo que el viento lleva a vuestra ventana. Cualquier vate virtuoso me ve más valiosa que vos, y me conservaría a mí antes que a vos sin vacilar.

B.- Basura eres, y basura son tus burdas baladronadas.

V.- Vale ya de vilipendios, envidiosa… ¡vieja vaca!

(la B saca un bate de béisbol del bolsillo y lo blande)

B.- Habló la albóndiga…

(la V desenvaina una vieja vara)

V.- ¡Vejiga verrugosa! ¡Advenediza!

B.- ¡Bruja! ¡Burra! ¡Babosa abominable!

(se enzarzan en una violenta pelea, y sus gritos se hacen indistinguibles).