Ya se sabe que la inspiración es una dama caprichosa, y aparece y desaparece sin previo aviso. Estos últimos meses no me suele honrar con su compañía, de ahí que lleve algún tiempo sin poner ningún post que no sea de política: para hablar de política no necesito inspiración, sino sólo calentarme un poco leyendo las noticias; pero no quiero abusar del tema por miedo a que este blog, que tan puro se ha mantenido en su servicio al Absurdo, degenere en un blog temático.
Así pues, voy a esforzarme para que esta entrada no tenga contenido político; y como he dicho que para ello necesito inspiración, y no la tengo, tendré que dejar la originalidad a un lado y utilizar algún método más o menos estándar para pergeñar un post decente. Podría usar lo que describí en mi guía sobre cómo escribir posts de éxito, pero me arriesgaría a que la gran expectación resultante derivara en oleadas de visitas que saturarían el servidor. Así que mejor voy a recurrir a un manido tópico entre los bloggers: el de escribir un haiku.
Los haikus, como todo el mundo sabe, son esos ínfimos poemas japoneses cuya sobriedad minimalista los hace adecuados para la mentalidad postmoderna. Todo blogger que se precie cae un día u otro en la tentación de rellenar un post con alguno de ellos, y yo no podía ser menos. El problema es que no sé exactamente qué características hacen a un haiku un haiku (en contraposición a, por ejemplo, una bicicleta); y por lo tanto no tengo ni idea de cómo escribir uno. Pero, por supuesto, con acceso a internet este problema tiene fácil solución: es fácil encontrar una descripción (en inglés) de las características de los haikus. Así que el plan es claro: me leo esas características, y escribo algo que se ajuste a ellas. Simple.
Así pues, veamos. Lo primero que dice la página es que la temática de los haikus suele centrarse en temas cotidianos y situaciones del día a día. Bien, eso parece fácil: sólo tengo que escribir sobre lo que siento ahora mismo, por ejemplo. Lo siguiente que aparece es la métrica: tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente.
Bueno, no hay problema. Expresar lo que siento con versos así es pan comido:
Como no sé
qué escribir en el blog,
pues pongo un haiku.
Así que ya está. Ya tengo mi haiku, parece. Pero, la verdad… aunque sin duda es bello, sencillo y elegante, no suena muy “haikuesco”. Ah, ahora me doy cuenta de por qué: es que había más características que no he leído. Dice la página que en el haiku tiene que haber una separación: los haikus están divididos en dos partes, relativamente independientes aunque se relacionen entre sí, y separadas por dos puntos, guión o puntos suspensivos. Bueno, no parece difícil. Vamos a ver si cambiándolo un poco se puede adaptar a eso:
No tengo idea
de qué escribir aquí…
Pues venga, un haiku.
Pues bien, aquí lo tenemos. Un haiku con una estructura como debe ser, con dos partes diferenciadas. Todo muy dicotómico y muy armónico, el yin y el yang y todo eso, ya se sabe. Pero aún falta algo… estos versos no son suficientemente “zen”, todavía no cumplen con un pequeño detalle necesario para que formen un haiku de pura cepa. Y es que dice la web, como última característica:
“Cada haiku debe contener un kigo, una palabra estacional, que indicará en qué estación del año se ubica el haiku. Por ejemplo, los brotes de cereza indican la primavera, la nieve indica el invierno, y los mosquitos indican verano.”
Pues bien, teniendo en cuenta que estoy en Inglaterra y que en esta época del año las temperaturas ya empiezan a bajar seriamente, el “kigo” en este caso me sale del alma. No necesito pensar mucho para modificar mi creación y convertirla, ahora sí, en un haiku puro, ortodoxo, definitivo:
Frío de cojones.
¿Con qué llenar el blog…?
Pues venga, un haiku.
Qué elegancia, qué donaire, qué belleza. Cómo se nota que estos japoneses saben de poesía.
¿Algún aguerrido lector se anima a crear su propio haiku y ponerlo en los comentarios?