Señores, la igualdad ha llegado a Internet. Con todas estas cosas que hay ahora de la web 2.0, las nuevas tecnologías y todo eso, quien no tiene una bitácora es porque no quiere. Basta con ir a una página que ofrezca blogs gratuitos, dar nuestros datos personales para que nos puedan mandar spam con facilidad, y en cinco minutos tendremos nuestro flamante diario en internet, accesible desde los cinco continentes. Hecho esto, basta con introducir en él nuestro nombre de usuario y contraseña para acceder a una caja de texto donde podremos escribir lo que queramos y publicarlo en un instante, para regocijo de todos los internautas de San Francisco a Vladivostok.

Sin embargo, todavía existe un pequeño escollo que superar, un minúsculo problema que arreglar antes de alcanzar la utopía de que cada internauta tenga su blog. Y es que un blog que se precie de su nombre debe ser leído, y para ser leído debe antes haber sido escrito, y esto nos lleva a la parte más engorrosa y fea de tener un blog, ésa que no nos cuentan en la publicidad: que no sólo es cosa de meter un nombre y una contraseña y hacer dos o tres clicks, ¡resulta que hay que escribir!

Parece mentira a estas alturas de siglo, pero lo cierto es que, si bien el desarrollo de las tecnologías informáticas ha liberado a los blogueros de otras pequeñas miserias (como elegir diseño, aprender lenguajes de marcas y otras que omito por escabrosas); todavía no se ha hecho nada para atajar la molestia suprema: tener que escribir. Lógicamente, lo normal sería que se liberara a los autores de blogs de esta engorrosa tarea mediante sistemas que escribiesen automáticamente en su lugar. Pero, mientras esta tecnología no sea una realidad, hay que buscar apaños para ir tirando; y lo cierto es que no es difícil escribir un texto atractivo según los cánones actuales si uno pone un poco de método y muy poco esfuerzo en la tarea.

Así pues, hoy en Reductio ad Absurdum 2.1 vamos a ver cómo se escribe un post de éxito. No un post anticuado, como los de este pobre blog marginal, sino uno de los que triunfan. De ésos que maravillan a la gente con su expresividad, consiguiendo decir en muy pocas palabras lo que normalmente se dice en ninguna (es decir: nada).

Dicen que lo más difícil de escribir es empezar, enfrentarse a la hoja en blanco; pero esto es obviamente una falacia. Llenar un papel de tinta es sencillísimo, pues al hacerlo estamos aumentando la entropía del Universo y por lo tanto tenemos a nuestro favor nada menos que a la Segunda Ley de la Termodinámica. Otra cosa es que lo que escribamos sea merezca la pena, claro. Pero no buscamos eso. Buscamos que sea resultón. Aparente. Inmune a la crítica. Ningún problema: empecemos con cualquier frase corta y sin verbo. Las frases largas aburren (no hay tiempo para pararse a leer, estamos en el siglo XXI); y los verbos son muy poco postmodernos, porque son los dictadores de la sintaxis y deben caer, ya se sabe. ¿Y qué frase sin verbo, os preguntaréis? Pues cualquiera, da igual. Al fin y al cabo, una idea fundamental del pensamiento contemporáneo es que todas las cosas tienen el mismo valor. Así que basta escribir lo primero que se nos ocurra, y tendremos la primera frase de nuestro post:

“Las tres de la madrugada.”

Ya hemos vencido la supuesta maldición de la hoja en blanco. ¿Veis qué fácil es? Además, a la vez hemos cumplido una regla no escrita de todo blog de éxito: hablar de cosas de la vida cotidiana. Que un hombre muerda a un perro no es noticia, pero que un perro muerda a un hombre sí lo es. No podríamos triunfar con un post que empezase hablando de hipogrifos, de Maimónides o de neutrones, pero las tres de la madrugada son algo perfectamente aceptable.

Sin embargo, todavía no hemos introducido un elemento fundamental del post de éxito: el yo. Para triunfar con un blog hemos de hablar de nosotros mismos, pues nuestras interioridades son, obviamente, muy interesantes; y todo el mundo está deseando conocerlas. Así pues, añadamos una frase que enlace con la primera, que nos introduzca en el relato, y que a la vez cumpla los cánones actuales de brevedad y de ausencia de verbo. Nada mejor que utilizar una sola palabra, por ejemplo:

“Insomnio.”

Perfecto. Tenemos un principio realmente prometedor de cara a un post que atraiga a las masas. Los bitacoreros consagrados ya podrían dejarlo aquí, sin más, y obtendrían decenas de comentarios y alabanzas. Nosotros, sin embargo, aún estamos empezando, y todavía no podemos permitirnos esa licencia. Añadamos, pues, una tercera frase. Dado que nos acabamos de lucir con esta última frase de una sola palabra, podemos hacer un dispendio y permitirnos un verbo por esta vez. Pero vamos a introducir un elemento arquetípico en un buen post intimista: la lluvia.

“Sólo el sonido de la lluvia incesante me hace compañía en la larga noche.”

El sonido de la lluvia es un verdadero comodín, una de esas cosas que el bitacorero de éxito tiene apuntadas en una lista que consulta cuando no sabe qué escribir. El tic-tac de un reloj, la caída de una hoja, o el reflejo de la luna son otras: las cosas grandiosas están muertas, lo pequeño y cotidiano es lo que está “in” y se lleva.

Ya tenemos un post bastante desarrollado; pero todavía le falta algo para ser un post de éxito: habla demasiado claro. Esto no es bueno, porque si la gente sabe lo que queremos decir puede mostrarse en desacuerdo. La manera de no decepcionar a nadie es, por lo tanto, que no se sepa lo que queremos expresar, de tal modo que cada cual lea lo que le dé la gana: el relativismo está en la mismísima esencia del postmodernismo y del pensamiento actual. Así, introduzcamos una frase críptica:

“Tantas noches, tantas gotas golpeando el silencio… pero no volverás.”

Esa segunda persona o cosa que no volverá es el elemento misterioso, la incógnita, la insinuación. Nadie preguntará de qué se trata, pues tal cosa resultaría vulgar; pero nadie se atreverá a criticar el post sin saber quién o qué es. De este modo, nos aseguramos buenas críticas. Hemos generado un auténtico post actual, pujante, resultón:

“Las tres de la madrugada. Insomnio. Sólo el sonido de la lluvia incesante me hace compañía en la larga noche. Tantas noches, tantas gotas golpeando el silencio… pero no volverás.”

De la misma manera podríamos haber creado otros muchos posts diferentes, todos igualmente válidos:

“Invierno en Madrid. Me estremezco: frío. Una hoja despistada cayendo, sin prisa, sobre el manto blanco. Así caerán mis lágrimas, pienso, cuando lo nuestro acabe.”

“Un tronco viejo. Rocío. El otoño ha llegado, otoño del mar y del tiempo. Pienso en aquellos cuerpos, los que vi en la tierra baldía, ¿qué buscarían?”

Aplicando estos mismos principios, cualquiera puede generar un post cada día y convertirse en un bitacorero de prestigio. Obtendréis un blog breve y regularmente actualizado, que hará las delicias de los lectores y cosechará un éxito seguro. Se agradecerían ejemplos generados por vosotros en los comentarios, para mejorar la explicación.

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