Tal vez algunos hayáis notado que, en los últimos tiempos, esta bitácora no respondía tan bien como debería. El motivo era que el servidor en que estaba alojada imponía una limitación al tamaño de la base de datos que aloja las entradas y los comentarios, y ese límite estaba al borde de ser sobrepasado. Aunque optimizando un poco la base de datos conseguí alargar un poco la vida del sistema, al final el problema se volvió irresoluble.

Por suerte, Algernon (el artífice de esa genial bitácora llamada La Cosa Húmeda) ha sido tan amable de cederme un hueco en el servidor que él usa. Desde aquí le doy las gracias: sin su ayuda, seguramente la única opción habría sido acudir a algún proveedor lento y cargado de publicidad.

El cambio de servidor ya ha tenido lugar con éxito, sin que haya hecho falta esta vez cambiar de dirección (ventaja de tener un dominio). Ahora todo debería (y parece) funcionar a la perfección.

Ninguna vana limitación del mundo físico podrá parar los pies al Absurdo.

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