No sorprende pero es triste, y es triste que no sorprenda: en el día de hoy – como empezaba aquel famoso parte franquista – los españoles hemos sido víctimas de un flagrante caso de censura. El número de esta semana de la revista ”El Jueves“ ha sido secuestrado por orden judicial, y se ha ordenado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que retiren los ejemplares de los quioscos. El motivo: una viñeta que, con una astuta finta, critica el aguinaldo electoralista de Zapatero a la vez que aprovecha para arremeter contra la monarquía, esa vergonzosa lacra que empozoña nuestro país derrochando el dinero de sus arcas a la vez que da nefasto ejemplo a los ciudadanos.

No es ninguna novedad que la familia real es en nuestro país una institución intocable, a la que los medios sólo pueden referirse para informarnos de lo encantadores y entrañables que son todos sus miembros y para describir la sublime belleza de las infantas, esas divas de nuestros sueños. Parece que alguna gente poderosa ha llegado a la conclusión de que la continuidad de ese organismo anacrónico y parasitario es incompatible con la libertad de prensa, y por lo tanto hay que acabar con esta última para preservar el statu quo. Normalmente esto se hace entre bambalinas y de forma sutil, porque ya se sabe que la censura es algo muy feo; pero se ve que esta vez no han tenido más remedio que montar el numerito, y hasta el tonto del pueblo les ha visto el plumero.

Sólo espero que este lamentable suceso sirva para que algún cándido defensor de la monarquía, de ésos que la creen compatible con una democracia moderna, se dé cuenta de las consecuencias que realmente tiene. De que vivimos en un país donde en teoría todos deberíamos ser iguales ante la ley; pero donde existen unas personas a las que se declara “inmunes” desde su nacimiento, y meterse con ellas está tipificado explícitamente como delito. Unas personas que tienen la vida resuelta desde el momento en que vienen al mundo, que pueden permitirse lujos impensables para el resto de los españoles, y que en teoría nos “representan” y se nos ponen como ejemplo y modelo, cuando su vida sin responsabilidades y sin esfuerzos constituye el peor ejemplo posible para una persona normal.

Lo cierto es que, en el fondo, tal vez este injustificable acto de censura acabe por resultar positivo. Al fin y al cabo, no hay duda de que la dichosa viñeta no obtendría la difusión que ha tenido sin el “favor” que les ha hecho el juez Del Olmo. Seguramente los más perjudicados sean el dibujante y guionista que han tenido la graciosa ocurrencia, que tienen todo mi apoyo y -estoy seguro- el de millones de españoles que creen que la libertad de prensa está por encima de los privilegios divinos.

La viñeta, aquí.

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